Origen y desarrollo de las células inmunitarias
Tu cuerpo empieza a formar células inmunitarias desde que eres un embrión. Este proceso llamado hematopoyesis comienza en estructuras como el saco vitelino durante las primeras semanas de gestación. Para la cuarta semana, esta producción se transfiere al hígado fetal y finalmente llega a la médula ósea, donde seguirá funcionando toda tu vida.
Las primeras células que se forman son los macrófagos, mastocitos y células NK - estas forman tu respuesta inmunitaria innata, la que ya traes desde que naces. Después se desarrollan células más especializadas como dendríticas, monocitos y linfocitos B y T, que requieren que la hematopoyesis ya esté funcionando en la médula ósea.
Todo empieza con las células troncales hematopoyéticas en tu médula ósea. Estas se dividen en dos grandes precursores: el linfoide (que da lugar a linfocitos B, T y células NK) y el mieloide (que produce monocitos, neutrófilos, eosinófilos, basófilos y otras células). Es como un árbol genealógico donde cada rama se especializa en diferentes funciones.
💡 Dato curioso: Los neutrófilos son las células más abundantes en tu sangre, representando hasta el 70% de todos tus glóbulos blancos.