Los Primeros Encuentros con La Llorona
Imagínate vivir en la Ciudad de México del siglo XVI y despertar cada noche con gemidos desgarradores que vienen de la calle. A mediados del siglo XVI, los vecinos de la ciudad experimentaban exactamente esto cuando las campanas de la primera Catedral marcaban la hora de recogerse.
Al principio, la gente solo se persignaba pensando que eran ánimas del otro mundo. Pero los gemidos se volvieron tan frecuentes que algunos valientes decidieron investigar. Lo que descubrieron los dejó helados: una mujer vestida completamente de blanco, con un velo espeso que cubría su rostro.
Esta figura misteriosa recorría diferentes calles cada noche con pasos lentos y silenciosos. Sin fallar una sola noche, llegaba hasta la Plaza Mayor, donde se hincaba de rodillas mirando hacia el oriente y lanzaba su último gemido. Después caminaba hacia el lago salobre que rodeaba la ciudad, donde se desvanecía como una sombra.
Dato curioso: En esa época, el lago de Texcoco penetraba hasta algunos barrios de la Ciudad de México, creando el escenario perfecto para esta leyenda.




